La espiritualidad y el éxito

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Cada cabeza es un mundo y cada quien tiene una idea acerca de lo que es el éxito. Quiero proponerles algunas ideas que puedan ayudar a precisar este concepto. Me refiero particularmente a la asociación que hacemos entre ser exitosos y ser competitivos o ser competentes.

“Esfuérzate por no ser un éxito, sino más bien por ser de valor”, Albert Einstein. 

Para muchos el éxito se relaciona con ser competitivos, es decir, con aparecer “entre los primeros”. Esta idea requiere que entendamos que la vida es una lucha, una competencia. Sobresalen los mejores. Hace algunos años se puso de moda usar el adjetivo “agresivo” para referirse a algo sobresaliente, de alto impacto. Se decía, por ejemplo: “esta campaña de mercadeo es muy agresiva”, “hay una presencia agresiva de tal producto”. Y con esto se reforzaba la idea de que la vida humana en sociedad era la de quien lucha (contra otros) por sobresalir (o sobrevivir). Los pocos que alcanzaban desempeños sobresalientes eran los considerados exitosos.

Sin embargo, este paradigma implica un grave problema: el espíritu de competitividad es incompatible con el de colaboración. Creer que es necesario ser competitivo me lleva a no ser solidario, a alegrarme del mal ajeno y a entristecerme del bien del otro, porque la aspiración personal es “estar encima de los demás”.

Muy diferente es entender que debemos ser competentes. Ser competente significa ser capaz, ser eficiente, innovador, en aprendizaje continuo. Y esto implica el deseo de rodearse de gente que también sea competente. Para quienes son competentes no importa ser mejor que otro, porque la vida es entendida como aprendizaje permanente. Los éxitos de los demás se vuelven nuestros aprendizajes. Y de esta manera se van construyendo relaciones basadas en la empatía, colaboración, solidaridad, fraternidad.

¿Qué tiene que ver esto con la espiritualidad? Mucho. La vivencia de nuestra dimensión espiritual nos lleva a entendernos como seres que al trascender nuestros límites, nuestras diferencias, somos capaces de vivir en comunión. La comunión, o unión común, es posible al interior de una familia porque todos desean el bien del otro, apoyan, ayudan, y se alegran del crecimiento del otro. El bien de cada uno se enriquece con el bien de los demás. Es lo mismo entre desconocidos: la comunión entre los miembros de una sociedad es posible solo si entendemos que todos somos como una familia, y que todos viviremos mejor en la medida en que todos seamos competentes.

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Sobre el autor

cetys_brioEl Maestro José Luis Espinosa estudió Filosofía y Teología. Actualmente es Director de Formación Integral Universitaria, responsable de los programas Fortes, Impacto y Brío en el Sistema CETYS Universidad. Le interesa el desarrollo humano, la ética aplicada y la música clásica.

Contáctalo a través de joseluis.espinosa@cetys.mx

 

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