Las lecciones que deberá dejarnos el “cisne negro” llamado COVID-19

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El patógeno llamado COVID-19, surgido y concentrado en un poblado de China en un inicio, se ha extendido de manera estrepitosa por todo el mundo, dando como resultado al día de hoy más de 236.000 casos de contagio en 168 países, esto según mapa en tiempo real de casos de coronavirus por Johns Hopkins School.

China, Italia e Irán son los países más afectados hasta el momento; México, por su parte, cuenta con 118 casos confirmados, 1 deceso, 314 casos sospechosos, 787 casos negativos y 4 recuperados. Además, esta pandemia ha colapsado la economía mundial y tiene en ‘jaque’ al mundo por los efectos que ejerce en materia de salud, política y social.

¿Es el COVID-19 el “cisne negro”?

Nassim Taleb, filósofo e investigador libanés, describe como “cisne negro” a aquel suceso inesperado de gran magnitud, atípico y altamente desestabilizador, que tiene una baja probabilidad de ser identificado utilizando modelos estadísticos; mote que los economistas empiezan a asignar al COVID-19 (acrónimo del inglés coronavirus disease 2019).

En ese sentido, el Mtro. Oscar Meza, Gestor de Proyectos del Centro de Innovación y diseño (CEID) de CETYS Universidad Campus Internacional Ensenada, señala que más de uno responsabilizará a este suceso como el causante de las fallas de los sistemas de salud, educación y economía en México, siendo que desde 2003 no se asigna más del 3,2% del PIB en salud, si históricamente más del 80% del gasto en educación se va en nóminas y si desde 1992 la productividad sólo crece 0,12% en promedio al año.

Asimismo, destaca que la idea principal que presenta Nassim, autor del best-seller The Black Swan, no es predecir un “cisne negro”, sino ser fuerte frente a las actitudes negativas que produce un suceso y sacar provecho de las positivas, actitudes que como país nos jactamos tener ante las vicisitudes que se presentan con los días y los casos identificados como positivos en esta pandemia.

Oscar Meza, Gestor de Proyectos del CEID.

“Ya en 2009 se sufrió de la Influenza A (H1N1), y no se observaron propuestas, cambios o ajustes estructurales reales que otorgaran condiciones más favorables a los indicadores ya mencionados, que permitieran que como nación estuviéramos en un estado de mayor preparación tanto en temas de educación como de salud ante los efectos adversos de un suceso similar, tal como lo estamos viviendo”.

Es así que, el experto en estrategia y competitividad, sostiene que, en definitiva, el COVID-19 nos dejará uno de los aspectos más fascinantes que se tiene en la vida: aprender. “Esta acción que nos lleva desde un punto en el cual desconocemos la existencia de un concepto hasta el punto en el cual podemos dominarlo y aplicarlo, y para ello requerimos potencializar las condiciones que como mexicanos nos permitan estar preparados, condiciones en las cuales ya muchos países han trabajado”.

Datos de la OCDE nos muestran que los países con mayores avances en salud invirtieron en promedio un 8,8% de su PIB. De igual manera, la mayoría de ellos dedicó un 10,8% de su presupuesto público a la educación, y países con condiciones similares al nuestro (como Corea del Sur, Chile, entre otros) lograron un crecimiento sostenido en los últimos 15 años debido a los ajustes en sus políticas públicas.

“Todos los sectores tendremos la obligación moral de convertir todo el aprendizaje que nos dejará este “cisne negro” en acciones que fortalezcan los sistemas que sostienen a nuestro país, y entonces hablaremos de cómo estamos listos ante cualquier suceso mundial debido a que invertimos en salud al menos el 6,0% del PIB, en educación más de 90 mil dólares por estudiante al año y que se cuenta con políticas que permiten un crecimiento anual sostenido del 5,0%, ese será el reto”.

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