Empatía y compasión

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La espiritualidad no puede entenderse sin el encuentro con otro ser humano: si bien es cierto que nuestro espíritu parte de lo particular (es decir, del individuo), también es verdad que éste se fortalece en la colectividad; y cuando nos encontramos en interacción con otras personas, una de las primeras palabras que evocamos es la empatía. Ser empáticos requiere que sepamos “ponernos en los zapatos” del otro para entender su pensamiento y obtener una visión más clara de los hechos que involucran a una persona.

Sin embargo, la empatía no es suficiente para interactuar con alguien. A través de una analogía, quisiera dar un punto a favor sobre la compasión como complemento de la empatía, para generar sociedades funcionales.

La sociedad es un rompecabezas compuesto por personas, y cuando éstas se unen, conforman una estructura compleja. La empatía establece la premisa de que todas las piezas son iguales y, por lo tanto, encajan perfectamente porque se entienden unas a otras. Sin embargo, no siempre sucede de esa manera.  La compasión, por otra parte, nos lleva a comprender que nuestra sociedad es un rompecabezas integrado por piezas distintas y que, a pesar de que nos cueste trabajo encajar los unos con los otros, tenemos la sensibilidad suficiente para unirnos con mucha fuerza.

La compasión es a todas luces un término subvaluado hoy en día; casi asociado a la lástima. Sin embargo, estoy convencido de que se trata del primer acercamiento que tiene un individuo a otro. Es, en otras palabras, aproximarnos a las necesidades de los demás de forma genuina. Al hacerlo, descubrimos que cada ser humano está compuesto de una esencia distinta que configura su espíritu y que no debemos intentar cambiar, sino comprender.

Cuando entendemos que somos seres distintos y que podemos compadecernos de las necesidades de los demás, nuestras acciones son más elocuentes y entonces podemos avanzar hacia la verdadera comunión.


Sobre el autor

cetys_gera1Gerardo Israel Padilla Villarreal es alumno de 6o semestre de la Licenciatura en Negocios Internacionales. Disfruta la literatura y la buena oratoria. Le apasionan las ciencias sociales y las humanidades, particularmente la Filosofía y la Historia, las cuales son su tema de conversación favorito.

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