¿Creer en fake news?

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22% de los mexicanos no comprueba la información que comparte a través de sus redes sociales. Esta cifra, disminuida ante el rigor del estudio estadístico, representa un cambio sustancial en la manera en la que la población percibe su realidad. Los títulos más llamativos, sin importar su verosimilitud, son los más compartidos. Esta es una de las inquietudes compartidas por la Mtra. Faviola Villegas Romero, Coordinadora de la Licenciatura en Administración de Mercadotecnia en CETYS Universidad Campus Mexicali.

La democratización del proceso informativo que faculta internet es consecuencia directa de la percepción de los medios de comunicación formalmente establecidos, por su presunto sesgo oficialista durante el México institucional a través de dádivas; el festivo “chayote”. Tal es la causa para que uno de los ganchos utilizados por las páginas de fake news sea el uso de frases que les dan una postura rebelde que supuestamente transmite algo que el estado pretende esconder.  En palabras de la Mtra. Villegas:

Pavlov se hace evidente en esta conducta: estímulo-respuesta en su máximo esplendor. Se diseña un encabezado alarmante, se genera una sinapsis y una emoción placentera; queremos tener la primicia de todo y lo compartimos, esperando impactar en otro y todas estas interacciones digitales se convierten en ciclos de nunca acabar. Vivimos de estímulos, queremos llenar nuestros vacíos mentales… y las fake news nacieron para eso.

En el pasado proceso electoral, la alta penetración de las redes sociales, al grado que 35% de la población se informa a través de Facebook, fue decisiva para la difusión de artículos pseudoperiodísticos especialmente sesgados hacia alguno de los cuatro candidatos. Cual se comprobó en un estudio de El Universal, la emisión de estos en conjunto con la compra de seguidores por parte de todas las campañas llevó a inflar, hasta en un 55%, los números virtuales de dichos políticos de una manera aparentemente “orgánica”.

El lucrativo negocio de las fake news

Los objetivos de estas publicaciones, según Bas Van De Beld, autor del blog “Reason Why”, son: influir sobre una idea, mentir y conseguir dinero. A pesar de la demanda, existe una oferta relativamente restringida.  El creador de uno de los laboratorios de fake news existentes en México (vínculo a la entrevista al pie de página) y autoproclamado rey de la mendacidad virtual en México es uno de los millenials más influyentes en el país. Pese a ser poco conocido en la escena nacional, su compañía es capaz de crear trending topics a través del uso de una red de bots. Al respecto, Villegas Romero profundizó:

Si está en Internet, –y múltiples veces– es porque debe ser cierto¨ siendo parte de una lógica colectiva donde percepción es realidad. Además, están quienes leen solamente los encabezados y generan una opinión subjetiva, sin leer el contenido de la nota.

Este sujeto menciona su cuota base: doscientos mil pesos por hashtag viral. Asimismo, su negocio involucra a otras redes sociales, como Facebook, en la cual centra su desarrollo en más de cuarenta mil páginas que enfocan su operación en pequeñas comunidades para aumentar su verosimilitud. Antes, el riesgo de la desinformación recaía en los jóvenes. Hoy día, con este nuevo acercamiento, todo público está en riesgo de difundirlas.

¿Qué dice la ley?

En México existe completa impunidad en este sentido. Desde la creación de la Policía Cibernética en 2013, se han realizado investigaciones respecto al origen de estas noticias falsas, sin que se haya llegado a resultados concluyentes o alguna detención, esto último por la carencia de legislación en este respecto.

Uno de los principales argumentos en contra de una legislación para reducir el número de noticias falsas sería su caracterización como una ley mordaza. En diciembre de 2017 a la reforma al artículo 1916 del Código Civil Federal precisamente le fue asignado el mote anterior, a consecuencia de la difusión de diversas notas que lo clasificaban como tal.

Ejemplos han existido bastantes: la presunta “privatización” del agua, o, más recientemente, los linchamientos de cuatro personas tras el pánico generado por diversas cadenas de WhatsApp. Tales prácticas están prohibidas por los artículos 6° y 7° de la Constitución, mas, al carecer de una estrategia para su coerción, prima su incumplimiento.  

Los retos

Villegas concluyó con el exhorto a mantener la ética en el ámbito periodístico, enfatizando la falta de validez de usar este tipo de notas, pues demerita el esfuerzo e impacto de muchas fuentes importantes de contenido útil y veraz. Desgraciadamente, la proliferación de las herramientas tecnológicas hace válida más que nunca la lógica goebbeliana: una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Está en las manos y el criterio de la población cambiar esta perspectiva.


Autor: Aldo Sainz, estudiante de la Licenciatura en Derecho y becario en el Departamento de Comunicación y Relaciones Públicas de CETYS Universidad, Campus Mexicali.

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