Sumar horas a la jornada escolar no se traduce automáticamente en mejores resultados de aprendizaje; lo que marca la diferencia es la calidad con la que se aprovecha el tiempo en el aula, así lo señaló la Dra. Karla Díaz López, profesora de tiempo completo de CETYS Universidad Campus Internacional Ensenada y Experta CETYS.
Cada regreso a clases docentes, directivos e incluso las familias, se pone sobre la mesa un cuestionamiento insoslayable: ¿son necesarias más horas en la escuela? En México, la jornada escolar corresponde tradicionalmente a un medio tiempo, y de manera reiterada se compara con la de países que dedican más horas diarias a la instrucción formal.
“La respuesta, apoyada en datos comparativos y en los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) que instrumenta la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos OCDE, resulta reveladora: más horas no se traducen automáticamente en mejores resultados”, señala la Experta CETYS.
Ante un panorama desigual de horas de clase
En México se cuenta con una de las cargas horarias anuales más bajas respecto a otros países, ya que la jornada regular abarca entre 4.5 y 5 horas diarias, “esta carga se compensa parcialmente con un calendario de casi 185 días lectivos al año, más alto que el del sur de Europa o Estados Unidos. En contraste en los principales países de Asia Oriental, las jornadas son de entre 7 a 9 horas diarias y el acumulado anual de más de 1,600 horas, a las que se suma una “jornada paralela” de 2 a 4 horas adicionales en academias nocturnas o tutorías privadas”, explica la Dra. Karla Díaz López.
La Experta CETYS compara con Estados Unidos, país que tiene menos días de clase al año que México, pero lo compensa con jornadas diarias de 6.5 a 7 horas, acumulando entre 1,100 y 1,200 horas anuales. Europa, en cambio, prioriza jornadas cortas, (no más de 6 o 6.5 horas diarias) con un acumulado anual moderado de entre 850 y 1,050 horas. Iberoamérica muestra un modelo híbrido: coexisten esquemas tradicionales de medio tiempo con reformas de ampliación, como la jornada escolar completa, que ubican a la región en un rango medio de 900 a 1,100 horas.
“De las horas a los resultados: lo que se demuestra en PISA Al cruzar las horas de clase con los resultados de PISA 2025, México e Iberoamérica se ubican en un umbral bajo; en este estudio se apunta que en México el problema principal no es solo la brevedad del turno regular, sino el uso real del tiempo disponible, ya que una parte considerable de la jornada se pierde en tareas administrativas tales como: pase de lista y control del grupo, lo que reduce el tiempo efectivo de instrucción”, ejemplifica la Dra. Díaz López.
Agrega que en contraste, Japón, Corea del Sur y China, con jornadas más largas, ocupan los puestos más altos en Matemáticas, Ciencias y Lectura. Pero la propia OCDE concluye que ese éxito no depende solo del horario de clases, sino también de la cultura académica del ámbito social y familiar, y del peso de la jornada paralela: las tutorías nocturnas y academias extracurriculares.
Finlandia y Estonia son el contraejemplo de estos países asiáticos: cuentan con jornadas cortas, de 5 a 6 horas diarias, y un volumen anual moderado, similar al del turno regular en México, pero con los puntajes PISA más altos de occidente de manera sostenida. “Esto sugiere que otras variables como la eficiencia en el aula, la formación docente y la autonomía escolar pueden tener mayor peso que la cantidad de horas acumuladas”.
El caso de Estados Unidos también suma a este escenario, ya que cuenta una jornada más amplia que la europea, pero ocupa de manera reiterada un promedio o ligeramente por debajo del promedio de la OCDE, sobre todo en Matemáticas. Así pues, la inferencia es clara, sumar horas no necesariamente se traduce en mejores resultados de aprendizaje.
Las horas son el piso, no el techo
En definitiva, La Experta CETYS explica que se necesita un mínimo de horas para cubrir el currículo, pero una vez alcanzado ese mínimo, lo que determina el aprendizaje ya no es la cantidad de tiempo, sino su calidad: los métodos de enseñanza, la preparación docente y el uso efectivo del aula, “esto tiene implicaciones prácticas para quienes toman decisiones sobre calendarios escolares”, y apuntala:
- Antes de alargar el horario, vale la pena considerar cuánto del tiempo en el aula es
dedicado a tareas administrativas, pase de lista y transiciones entre actividades.
- El modelo educativo nórdico demuestra que invertir en la formación docente y en la
autonomía escolar puede compensar, e incluso superar, a los modelos que solo acumulan
más horas.
- Toda reforma de jornada debería ir acompañada de una auditoría respecto al uso del
tiempo en el aula.
“Bajo estas premisas, la pregunta no debería centrarse en cuántas horas hay que sumar al calendario, sino en qué está pasando en las horas que ya se destinan al aprendizaje; la comparación internacional no ofrece una respuesta absoluta, pero sí una advertencia clara: la cantidad de tiempo, por sí sola, no explica el aprendizaje”.
La Experta CETYS concluye que aún entonces no se trata de revisar si es necesario más tiempo en la escuela, sino si estamos dispuestos a usar mejor el que ya tenemos.

Dra. Karla María Díaz López, profesora de tiempo completo en Campus Internacional Ensenada.

