Ha quedado claro que las personas no podemos desprendernos de nuestra dimensión emocional al iniciar la jornada laboral. “Las emociones, los procesos cognitivos y la interacción social son factores indispensables en el aprendizaje”, así lo explicó Mtra. Alexia Escutia, psicóloga y experta CETYS en Campus Internacional Ensenada.
La Mta. Escutia explica que en el aula, esta conexión adquiere una relevancia aún mayor, ya que las interacciones humanas continuas y directas, la atención a las necesidades específicas del alumnado y el esfuerzo constante por sostener el rendimiento cognitivo y la motivación son exigencias inherentes al ejercicio docente.
“La preocupación empática dentro del aula suele generar en el docente una genuina motivación de ayuda. Sin embargo, cuando esta respuesta se intensifica de forma desproporcionada, puede transformarse en lo que se conoce como estrés empático: un estado de consternación personal ante la experiencia emocional ajena. Esto puede conducir a una sobreimplicación emocional o, en el extremo opuesto, a una respuesta de evitación”, señala la Experta CETYS.
Por este motivo, quienes ejercen profesiones que implican atención constante y apoyo a otras personas, especialmente cuando estas han atravesado eventos adversos, son más vulnerables a desarrollar el llamado Síndrome de Desgaste por Empatía (SDE). Sus manifestaciones pueden ser similares a las del Síndrome de Desgaste Profesional (SDP), también conocido como burnout, pero se diferencian principalmente por su origen y por la velocidad con la que aparecen los síntomas.
La Mtra. Alexia Escutia explica que el SDE suele caracterizarse por una aparición súbita e intensa. “En el plano emocional, puede manifestarse como impotencia ante la sensación de no poder ayudar lo suficiente o de que las intervenciones realizadas no generan los resultados esperados. Esto puede derivar en enojo, frustración y desesperanza frente al cambio. En algunos casos, aparece hipersensibilidad emocional: mayor reactividad interpersonal, emociones más intensas y respuestas conductuales que pueden resultar desproporcionadas”.
Incluso cuando el docente ya ha consolidado un estilo propio de enseñanza, podría experimentar cambios marcados en su actitud y conducta frente al grupo. Es frecuente que se manifieste como rigidez y dificultad para resolver situaciones o, en el extremo contrario, como una preocupación excesiva. “Puede disminuir la motivación y aparecer la tendencia a evitar situaciones que impliquen una respuesta empática, ya sea con estudiantes o colegas, favoreciendo así el aislamiento”, puntualiza.
Si bien el riesgo de desarrollar Síndrome de Desgaste por Empatía es real, también es posible disminuirlo mediante estrategias de autocuidado y técnicas de gestión emocional y del estrés. Algunas recomendaciones son:
- Identificar las situaciones detonadoras de estrés, especialmente de estrés empático. Cada persona puede verse afectada de manera distinta según sus experiencias previas. Preguntas como: ¿qué me hizo sentir así?, ¿por qué reaccioné de esa manera?, ¿me he sentido así antes?, pueden ayudar a iniciar esta identificación.
- Reconocer los límites personales, detectando cuándo existe sobrecarga laboral
y aceptando que no todos los casos pueden manejarse de forma individual.
- Expresar y canalizar las emociones, evitando su acumulación.
- Incorporar actividades recreativas y de ocio dentro de la rutina diaria y semanal.
- Buscar apoyo profesional o social cuando sea necesario, fortaleciendo las redes
interpersonales y previniendo el distanciamiento social.
Finalmente, la Mtra. Alexia Escutia destaca que cuidar de otros también implica aprender a cuidarse a uno mismo: “La empatía es una herramienta indispensable en la labor docente, pero cuando no se acompaña de límites y autocuidado puede convertirse en una fuente de desgaste. Por ello, es importante reconocer a tiempo las señales del Síndrome de Desgaste por Empatía con el fin de proteger la salud psicoemocional del profesorado y fortalecer la calidad del acompañamiento que se brinda en el aula”.

¨Este problema puede conducir a una sobre implicación emocional o, en el extremo opuesto, a una respuesta de evitación”, señala la Experta CETYS.

