Muchas personas están conociendo México por este evento. Están descubriendo nuevas rutas, ciudades y experiencias que pueden convertir al país en un destino recurrente, menciona Experta CETYS
La Copa Mundial de la FIFA 2026 ya comenzó y México es una de las sedes del torneo junto con Estados Unidos y Canadá, una oportunidad que ha impulsado inversiones en infraestructura, movilidad y promoción turística. Sin embargo, también ha abierto el debate sobre si este tipo de proyectos generan beneficios reales para la población o si su impacto permanece concentrado en ciertos sectores.
Para la Dra. Marisol López, docente de la Escuela de Administración y Negocios de CETYS Universidad Campus Mexicali, entender este fenómeno requiere observarlo desde una perspectiva económica más amplia. “Existe un concepto en economía llamado efecto multiplicador. Ante recursos limitados, los gobiernos buscan invertir en sectores estratégicos que puedan generar beneficios directos e indirectos para una mayor parte de la población”, explicó.
Desde esta perspectiva, señaló que eventos internacionales como el Mundial suelen generar una percepción inicial de gasto elevado; sin embargo, también pueden detonar transformaciones económicas y sociales que permanecen después del evento.
Uno de los ejemplos más visibles, mencionó la Experta CETYS, es la infraestructura: Mejoras en transporte público, conectividad, espacios urbanos y servicios suelen desarrollarse para responder a la demanda internacional, y posteriormente integrarse al uso cotidiano de la población.
De igual manera, la docente explicó que además de la infraestructura, otro de los efectos más inmediatos suele observarse en la generación de empleo. Aunque parte de estos puestos son temporales, pueden convertirse en oportunidades de desarrollo económico y abrir nuevos servicios que continúen operando después del evento.
Otro elemento relevante es el turismo. La llegada de visitantes internacionales no solo representa entrada de divisas y consumo durante el torneo, sino que también posiciona al país como un destino turístico futuro. “Muchas personas están conociendo México por este evento. Están descubriendo nuevas rutas, ciudades y experiencias que pueden convertir al país en un destino recurrente”, explicó.
No obstante, la especialista diferenció el crecimiento económico del desarrollo económico. Mientras el crecimiento suele medirse a partir del aumento en variables como producción, inversión o consumo, el desarrollo incorpora elementos relacionados con bienestar, calidad de vida y percepción social.
En otras palabras, el reto no es únicamente cuánto dinero genera un evento, sino si ese beneficio se traduce en mejores condiciones para quienes viven en las ciudades sede.
La académica comentó que entre los indicadores que podrían ayudar a medir ese impacto se encuentran la generación de empleo, el acceso a infraestructura, la reducción en tiempos de traslado y el aprovechamiento posterior de espacios y servicios creados para el evento.
Ante este escenario, subrayó que también existen riesgos, ya que el desafío está en construir mecanismos que permitan redistribuir parte de esos beneficios mediante políticas públicas enfocadas en accesibilidad, movilidad y servicios para la población. “Estos proyectos tienen sentido cuando parte de esa inversión regresa a la sociedad y mejora la calidad de vida del mayor número de personas posible”, concluyó la docente.
México tiene el reto de equilibrar la atracción internacional con beneficios locales. Más allá del espectáculo deportivo, el verdadero impacto se medirá en aquello que permanezca cuando termine el último partido.

