Entonces … ¿Asperger o TEA?

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A poco menos de 4 años de la publicación en español del Manual Diagnóstico y  Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta edición, dentro de la comunidad de padres de familia y docentes se deja saber la incertidumbre que causa la modificación en la codificación de algunos trastornos, entre ellos, el ahora denominado Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).

Dicha conmoción radica principalmente en el impacto que inicialmente causa el nombre de esta condición de vida. Lo anterior debido a la pauta a la que daba pie  el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales en su cuarta edición, versión revisada. En donde se enfatizaba en los denominados Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD),del cual se desglosaban cinco condiciones: Trastorno del Autismo, Trastorno de Asperger, Trastorno desintegrativo infantil, Trastorno de Rett y Trastorno Generalizado del Desarrollo no Especificado y que a su vez, describían de manera detallada las principales diferencias diagnósticas entre el Trastorno de Autismo y Trastorno de Asperger.  Siendo un parte aguas la funcionabilidad que caracterizaba al Trastorno de Asperger en comparación con el Trastorno de Autismo.

De tal forma, que en la actualidad cuando un padre de familia o docente entra en conocimiento del actual diagnóstico de  Trastorno del Espectro del Autismo se asoma la angustia de parte de éstos a asociar dicho diagnóstico con un pronóstico desfavorable, ya que tienden a relacionarlo con dependencia, dificultades en la adaptación social y limitantes generales para la inclusión escolar o laboral. Mientras que en otros casos, la inquietud radica en relación a las notables diferencias que pueden existir entre dos personas que presentan la misma condición de vida, pero con un grado de adaptabilidad distinta entre sí.

Ahora bien, lo anterior se explica  a través de los niveles de funcionabilidad que proporciona el Manual Diagnóstico y  Estadístico de los Trastornos Mentales en su quinta edición. Ya que si bien, hoy por hoy, se habla exclusivamente de TEA, lo que diferencia a una persona de otra, es su nivel de adaptación al entorno al momento de recibir el diagnóstico. De tal forma, que el diagnóstico de TEA Nivel 1, en base al actual Manual hace alusión a aquellos individuos con mayor nivel de adaptabilidad, por ende, con mejor pronóstico.

En este sentido, se entiende que quienes anteriormente recibían el diagnóstico de Trastorno de Asperger, en la actualidad están siendo diagnosticados con TEA Nivel 1. Mientras que quienes presentan un menor nivel de funcionalidad reciben el diagnóstico de TEA Nivel 2 y Nivel 3.

Por lo que, es responsabilidad de los profesionistas de la salud brindar a la población en cuestión información puntual sobre dicho diagnóstico, sus características e implicaciones, de tal forma, que tanto padres de familia como docentes obtengan conocimiento sobre la atención, seguimiento y oportunidades que se le pueden brindar a la persona con TEA y disminuya con esto, la incertidumbre como producto de la desinformación.


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