“Menos respeto, más amor”

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Desde nuestra formación como seres de sociedad se nos ha buscado transmitir una serie de valores con la intención de que mantengamos una relación sana con los demás individuos. Regularmente son valores como: el respeto, la responsabilidad,  la tolerancia, la honestidad, la empatía, entre otros. Estoy totalmente a favor de que existan estos valores, todos estos tienen la intención de impulsarnos a convivir en armonía, de alejarnos de problemáticas y de invitarnos a obrar correctamente. Sin embargo, muchos de estos valores se necesitan demostrar a través de diferentes acciones y cada persona los incorpora en su vida de manera diferente.

El leer y reflexionar ideas de varios filósofos me ha llevado a pensar que existe un concepto al cual no se le da mucha importancia, aún cuando termina abarcando gran parte de esos valores, el amor.

Claramente para transmitir amor hay que amar y a muchos les asusta esa idea, por eso mejor se ofrece respeto, porque amor solo a unos pocos. ¿Por qué?

A muchas personas les cuesta amar porque tienen la idea de que más que un sentimiento el amor es un compromiso y en esta reflexión me gustaría refutar esa idea.

 Para mí, el amor no se tiene que demostrar, es tan solo una energía positiva que se busca compartir con los demás, un estado de paz y de satisfacción que no tiene limitantes ni condicionantes.

¿Por qué pienso que se debe de optar por el amor y no por el respeto? En un mundo tan grande, con tanta diversidad de culturas y de personalidades es difícil encontrar un valor que se ajuste a todos. El respeto es un valor que se ha querido emplear de manera universal,  pero este tiende a fallar en la práctica, porque a diario nos damos cuenta que existe una línea muy delgada entre un acto de respeto y una ofensa.

 Por ejemplo, como sinónimo de respeto algunas personas esperan que sean mencionadas sus profesiones antes de su nombre, en algunas otras culturas ciertos grupos de personas acostumbran a recibir algún tipo de reverencia, parecerán cosas simples y ordinarias pero el problema que yo encuentro es en el valor que le damos a esos actos. Pareciera como si necesitáramos una serie de acciones para así sentirnos respetados, para que nos recuerden constantemente lo que somos.

En cambio, el amor es totalmente distinto. Como mencioné anteriormente, el amor no se busca demostrar a través de una serie de actos, este simplemente se transmite. Cuando amamos incondicionalmente existe en nosotros un desapego del futuro y del pasado, comenzamos a amar en el presente y dejamos a un lado expectativas vacías que tenemos de los demás.

Muchas veces nos hieren más las ilusiones que depositamos en los demás que sus mismas acciones, por ello nos lastiman tanto los engaños, las traiciones. En cambio, si cada quien se responsabilizara de sus pensamientos y se atreviera a amar, habría menos actos de venganza, menos rencores guardados, porque nadie esperaría nada, en vez de eso estaríamos llenos internamente amando de manera incondicional y no necesitaríamos del respeto de alguien más para que nos recuerde lo que somos o lo que nos corresponde recibir.

En conclusión, yo creo que tememos a amar y a vernos vulnerables, principalmente porque el amor elimina en gran parte nuestro ego, nos quita la idea de esperar recibir lo que nosotros creemos que merecemos y en vez de eso nos lleva a compartir con los demás un sentimiento de paz y plenitud.

 Cierro esta reflexión citando a León Tolstói, “el respeto se inventó para llenar el vacío que debe completar el amor”.


Autor: Jesús Alejandro González Chávez es estudiante de segundo semestre en la Licenciatura en Administración de Empresas de CETYS Campus Mexicali.

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