Diseño de Procesos Ecoeficientes

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Cuando hablamos de eficiencia pensamos en resultados de tiempo, dinero y esfuerzo; básicamente se puede calcular la eficiencia como una proporción de un total ideal, o de una base comparativa. Si hablamos de tiempo podemos pensar en el tiempo mínimo  para realizar una tarea y al hacer la comparación del tiempo real que se llevó la tarea obtenemos un porcentaje de eficiencia. Si hablamos de dinero, lo que hacemos es tener un presupuesto o un estimado de los gatos que implica la realización de una tarea, y al terminarla podemos hacer una comparación y representar de manera porcentual si estamos por debajo del estimado (ahorro) o por encima (gasto extra). Pero cuando hablamos de la relación y las interacciones con la naturaleza y con el medio ambiente, ¿cómo podemos cuantificar la eficiencia? ¿Podemos hablar de ecoeficiencia?

Pues bien, como sería muy complejo cuantificar la interacción y los resultados de un proceso industrial con su medio ambiente y la naturaleza, el primer término de ecoeficiencia es el siguiente: “Crear más bienes y servicios utilizando menos recursos y creando menos basura y contaminación”. Esta definición es totalmente relativa al estado en que se encuentre la contaminación, la generación de basura y la explotación de recursos naturales. Según como ésta se encuentre, mientras pueda ser menos, ya estaríamos hablando de ecoficiencia para ese proceso, para ese producto o para esa industria. Esto quiere decir que por mínimo que sea el esfuerzo inicial para mejorar el proceso en ecoeficiencia, estaríamos cumpliendo por el simple hecho de generar menos basura y contaminantes y usar menos recursos. Por lo tanto hay una tendencia a que siempre siga reduciendo la cantidad de contaminantes y de basura, así como de explotación de recursos naturales; entonces, el límite de la ecoeficiencia sería la NO generación de basura y contaminantes y la NO explotación de recursos. Pero hay un contraste con lo que es considerado una empresa sostenible desde 1995: “Es aquella que al final de cada periodo contable no deja el ambiente en condiciones peores de como estaba en su comienzo” Por una parte, la tendencia por definición debe ser siempre disminuir esa contaminación y explotación de recursos, pero por otra se le otorga a una industria el título de sostenible mientras mantenga el mismo estado en el que se encontraba.

Y a ésta forma operativa de incentivar a las empresas es a la que las empresas responden; incentivos como préstamos y etiquetas que mejoran la imagen institucional. Pero visto desde otra perspectiva, lo ideal sería que las empresas respondieran ante regulaciones estrictas de impacto ambiental y ante la imagen pública dado por el nivel de conciencia que la sociedad tiene. Actualmente las políticas ambientales son principalmente reactivas y excluyentes, y es imperativo migrar hacia una cultura preventiva e incluyente.

Es por ello que un verdadero diseño de procesos ecoeficientes requiere de considerar las 4 dimensiones (si no es que hay más): Economía-Ecología-Política-Cultura. Visto de esas cuatro dimensiones y considerando el cuadrante mostrado abajo, podemos hablar de una ecoeficiencia mucho más integral a lo que se había venido logrando y podemos ahora ubicar a las empresas en alguna ponderación en cada cuadrante. De ésta manera podríamos cuantificar y graficar la ecoeficiencia de una empresa. En base al resultado numérico de cada eje de puede graficar y establecer prioridades según el cuadrante en el que menos se cumpla y el sentido de urgencia de las acciones detectadas para migrar de una “empresa sostenible” a una “empresa limpia”.


Mtra. María Guadalupe Galindo Noriega, docente de la Escuela de Ingenieria, CETYS Campus Mexicali.

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